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Publicat el 19 - 1 - 2003 a Diari Levante - EMV
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La población Valenciana

Manuel Pérez Montiel

Universitat Politècnica de València

Ya empiezan a publicarse los Censos y Padrones de Población referidos al año 2002. Esto permite revisar la situación y las perspectivas de evolución de la población valenciana. El Anuari Estadistic de la Ciutat de Valencia que publica Ayuntamiento ofrece una información rigurosa y detallada que facilita el análisis y que, casi con toda seguridad, se puede extender a las restantes ciudades del País Valenciano.

Contra todo pronóstico, la población de esta ciudad, después de más de 20 años de estancamiento, cuando no de reducción, ha empezado a crecer a un ritmo bastante vivo. Por otra parte, y como consecuencia de ese larguísimo periodo de estancamiento, la estructura de la población de esta ciudad se ha transformado radicalmente: el número absoluto y la proporción de jóvenes ha caído a niveles impensables. Un par de cifras les mostrará el fuerte cambio producido: en 1980, los jóvenes, los menores de 20 años, representaban un tercio de la población de la ciudad de Valencia y eran unos 245.000. Hoy, los menores de 20 años son menos de 20 % de la población y tan sólo suman 139.000. La regresión demográfica, la reducción drástica de la natalidad, está mostrando sus efectos: Valencia tiene casi la mitad de jóvenes que hace 20 años. Para tener una imagen más clara de este fuerte cambio, se pueden comparar visualmente las pirámides de población de 1980 y 2002, donde se puede ver la proporción que sobre la población total tiene cada grupo de edades, de mujeres y varones, tomados de 5 en 5 años.

Al observar esas pirámides de población, lo que les vendrá a la mente es que no hay tales pirámides, sino una estructura en forma de árbol en la que un tronco cada vez más estrecho –los jóvenes- soporta un frondoso tronco cada vez más ancho y alto que son –somos- las personas mayores.

Pero en los tres últimos, se ha producido un inesperado cambio en la evolución de la población. De modo regular y hasta 1999, La emigración desde la ciudad de Valencia a otros municipios, superaba en unas 3.000 personas al año, al de ciudadanos que elegían Valencia como ciudad de residencia. En el primer trimestre de 2000, se produce un cambio radical: el número de inmigrantes duplica al de emigrantes. La consecuencia es clara, la población total de esta ciudad ha crecido en dos años cerca de 25.000 habitantes.

Las causas de este cambio la pueden observar ustedes en la calle: se han afincado en Valencia ciudadanos ecuatorianos, hispanoamericanos, magrebies… hasta el punto que, en algunos barrios, conforman una minoría relevante.

Como este fenómeno de una inmigración significativa de extranjeros a nuestras ciudades parece que se va a mantener en los próximos años, quizás sea pertinente hacer algún comentario no limitado a la ciudad de Valencia, sino para el conjunto del País Valenciano.

Parece que en la actualidad hay tres grupos fundamentales de inmigrantes: Hispanoamericanos, africanos y europeos. Los dos primeros grupos son, en general, inmigrantes que buscan trabajo y un mejor nivel de vida y que en ocasiones tienen una situación legal incierta. Son, digase con claridad, inmigrantes pobres. El tercer grupo, que se polariza en las zonas turísticas, lo constituyen ciudadanos europeos, de edades altas, que han decidido residir aquí como jubilados. Estos son inmigrantes ricos. Tengo la impresión que estos tres grupos

seguirán aumentando en los próximos años. Además, a estos colectivos que seguramente irán aumentando en el futuro, se añadirán, con toda probabilidad, ciudadanos de países del Este. Dentro de muy pocos años, los ciudadanos polacos, checos, húngaros… serán ciudadanos de pleno derecho de la Unión Europea y, en consecuencia, no tendrán ninguna limitación legal para venir a vivir y a trabajar en España. Y es posible, incluso probable, que unos cuantos miles de nuevos ciudadanos de la Unión Europea, decidan venir a vivir y trabajar entre nosotros.

Si sigue esta tendencia de inmigración creciente, nuestra sociedad, nuestras ciudades, nuestra economía, van a mostrar cambios importantes. Dado que el proceso es inevitable, quizás convenga que nos vayamos haciendo a la idea de que vamos a vivir en ciudades multiculturales, a convivir con personas, cuya raza, religión, lengua, costumbres… difieren bastante de los nuestros. Y aunque algunos conciudadanos les pueda chocar o incluso molestar esta evolución, no conviene olvidarse que, históricamente, este País, ha recibido sucesivas oleadas de inmigrantes que se han integrado bastante bien en nuestra sociedad y han participado en su evolución y en su prosperidad.

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