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Publicat el 29 - 6 - 2003 a Diari Levante - EMV
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Ca Revolta, un espacio necesario

Antonio Montiel Márquez

Advocat

Vicent Torres Castejón

Dr. en Economia. Consultor Ambiental. Professor d'Urbanisme. UPV

«La función principal de la ciudad es la de convertir el poder en forma, la energía en cultura, la materia muerta en símbolos vivos de arte, y la reproducción biológica en creatividad social» Lewis Mumford.

En el antiguo y castigado barrio de Velluters de Valencia, la asociación Ca Revolta Centre de Recursos Just Ramírez está demostrando día a día que es posible mantener espacios para las relaciones humanas, la tolerancia, la libre expresión de ideas y la participación ciudadana en unos tiempos en que lo habitual viene siendo confundir la cultura con el espectáculo, la libertad con el más feroz individualismo y la realidad con aquello que se puede accionar con un mando a distancia.

La asociación, tras adquirir el edificio de la calle Santa Teresa 10 en el que se alberga, rescatarlo de la ruina y llevar a cabo una delicada y celebrada rehabilitación que le ha devuelto su esplendor decimonónico y descubierto sus raíces tardomedievales, lo ha puesto al servicio de la ciudadanía. Se trata de un espacio abierto, plural y crítico que se ha ganado un reconocido hueco en el panorama de nuestra ciudad. Se ha constituido en lugar de encuentro para numerosos colectivos, tales como Per l´Horta, Nunca Máis, vecinos de Velluters, Jove Germania y así hasta más de cien entidades que han hecho de Ca Revolta un importante punto de referencia del pensamiento alternativo. Erigido desde la misma sociedad valenciana, acogiéndose al Plan RIVA pero sin ayudas ni subvenciones oficiales para su mantenimiento, a partir tan sólo de la ilusión de gentes soñadoras que se han rascado los bolsillos y se han endeudado para varios lustros, apostando por uno de los barrios más degradados de Valencia y por esa juventud que quiere algo más que telebasura.

Sin embargo, este ejemplo de altruismo, solidaridad y compromiso social que sobrevivía hasta ahora bajo sanciones municipales, acaba de sufrir esta misma semana un zarpazo terrible en forma de una orden de «suspensión provisional de licencia» que ha supuesto el cese inmediato de sus actividades.

En tan sólo veinticuatro horas, las gentes de Ca Revolta se han visto obligadas a cerrar sus puertas en cumplimiento de una medida que la ley reserva para situaciones de excepcional gravedad, que como parece evidente no concurren en este caso. Una suspensión cautelar, discutible desde un punto de vista jurídico contra la que se ha presentado ya el correspondiente recurso, y que resulta evidentemente desproporcionada por cuanto no sólo supone una limitación del ejercicio de actividades para cuantas entidades y personas han hecho de Ca Revolta desde su apertura un espacio compartido de libertad y tolerancia, sino que puede derivar en un cierre definitivo en cuanto ciega la posibilidad de obtener recursos suficientes para mantener el proyecto y hacer frente al pago de la hipoteca que sirvió para financiar su creación. ¿Acaso es eso lo que se persigue?

El empecinamiento de dos vecinos que presionan al Ayuntamiento para instar el cierre cuando no han permitido jamás que se hiciese una comprobación en sus domicilios para verificar la realidad de las molestias que dicen sufrir, unido a la lentitud e indolencia burocrática de esa Administración a la hora de tramitar la licencia, han conducido a la paradoja de poner al borde de la desaparición a un proyecto que constituye un elemento de dinamización social y recualificación urbanística de un barrio para el que las mismas autoridades habían demandando repetidamente inversión e iniciativas rehabilitadoras.

Ca Revolta está siendo víctima de la rigidez de unas normas más favorables a picarescas de todo tipo que a la garantía de la convivencia ciudadana. No vale escandalizarse hipócritamente y desplegar toda la artillería administrativa cuando surge una queja vecinal totalmente aislada mientras, como denuncian sin éxito las asociaciones ciudadanas, se mira hacia otro lado en tanto proliferan decenas de locales de ocio, las más de las veces sin licencia durante años, sin condiciones higiénico sanitarias, ni de insonorización o, ni tan siquiera, de seguridad para sus usuarios.

Ca Revolta no es un proyecto empresarial y cerrar Ca Revolta no es bajar la persiana de un local cualquiera. Ca Revolta no son cuatro cosas, ni cuatro gatos, ni siquiera cien. Es muchísimo más. Es un centro cultural de vocación social, promovido por una entidad sin ánimo de lucro integrada por centenares de asociados y asociadas que animan actividades de todo tipo, conferencias, debates y tertulias, pero también exposiciones y otras iniciativas artísticas como teatro, recitales poéticos, música y danza. Y así lo han acreditado dando cabida a una apretada programación. Para hacerlo desde la legalidad, han aportado cuantos proyectos y documentos técnicos les han sido demandados por el Ayuntamiento, y si han cometido algún error o exceso, se han sometido a inspecciones, obras, controles de sonido y a cuantas otras exigencias se le han impuesto, sin negarse a nuevas mejoras técnicas, si ello fuera preciso.

Entre tanto, los vecinos y vecinas del barrio y las mismas asociaciones de la zona siguen insistiendo en la conveniencia de Ca Revolta para Velluters y para la ciudad. Las docenas de entidades, colectivos, artistas y asociaciones que la han utilizado y utilizan para sus actividades y las miles de personas que hasta ahora han tomado parte en alguna de ellas, expresan con su actitud que Ca Revolta debe existir, algo que el Ayuntamiento de Valencia debería tener muy presente a la hora de resolver el recurso que contra la orden de suspensión provisional ya se ha interpuesto por los promotores del proyecto.

Es cierto que las gentes de Ca Revolta no son dóciles ni conformistas. Son críticas, incisivas, incluso pueden resultar irreverentes y molestas para quienes entienden la democracia de forma excluyente, autoritaria y vertical. Pero una sociedad realmente democrática se mide, entre otras cosas, por el espacio que es capaz de crear para la disidencia, por la existencia de ámbitos para la libre creación artística y el pensamiento alternativo frente al adocenamiento, la apatía o el puro clientelismo. Si la norma fuera el obstáculo, sería la hora de la política, el momento de encauzar una revisión razonable que enmarque y fomente los ateneos culturales y asociativos, sin penalizar su sesgo particular.

La imagen de una Valencia moderna, abierta y tolerante que nuestras autoridades quieren vender hacia el exterior quedará en entredicho si el Ayuntamiento no dialoga y busca una solución para hacer compatible ese espacio de libertad con cualesquiera otros intereses en conflicto, incluido el justo descanso del vecindario. Como afirmó la Sra. Barberá en una ocasión ya célebre, «no es normal, ni sensato, amenazar aquello que te beneficia y no te ocasiona ningún perjuicio». Creemos que cabe entender esta frase en términos de ciudad, no de partidismo, y por eso se la recordamos quienes queremos Ca Revolta oberta.

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