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Publicat el 17 - 3 - 2002 a Diari Levante - EMV
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Porqué es insostenible el Plan Hidrológico Nacional

Col·lectiu Terra Crítica

Grup format per 24 professionals procedents d'àrees relacionades amb l'urbanisme, el medi ambient, l'economia i la sociologia

Durante este fin de semana se discute en Barcelona la estrategia europea sobre Desarrollo Sostenible. La propuesta inicial de la Comisión Europea fue enmendada por el Parlamento Europeo, que introdujo una seria advertencia sobre los nuevos regadíos europeos. Aunque finalmente no hubo mención explícita al Plan Hidrológico Nacional (PHN), su mensaje es inequívoco.

El Ministerio de Medio Ambiente ha anunciado la modificación del trazado del trasvase del Ebro, con lo cual Plan Hidrológico Nacional (PHN) y el propio trasvase son, según sus declaraciones, ahora sí, sostenibles . Esta corrección de rumbo supone, se quiera o no, la aceptación de una parte de las críticas al PHN.
La más significativa, últimamente, procede del Parlamento Europeo: aunque se eliminó la mención explícita al PHN, la enmienda 10 expresaba claramente la “profunda preocupación ante el precedente sentado por las propuestas de realización de planes insostenibles del agua en Europa”

Aunque el cambio de trazado no modifica el objetivo del Plan, (y lo curioso es que el coste final de las obras no varía) cabe cuestionar la credibilidad técnica de sus redactores: ¿porqué no se consideró antes?

Subsisten muchas razones, sin embargo, que siguen mostrando la insostenibilidad del PHN. El argumento central del Plan, como ya es bien sabido, lo constituye el trasvase de 1.050 hectómetros cúbicos al año desde el bajo Ebro hasta otros puntos de la cuenca mediterránea.

1. Por lo tanto, la primera cuestión a dilucidar es si realmente “sobra” agua en el Ebro. Expertos de reconocido prestigio afirman que, pese a las apariencias, el Ebro no tiene sobrantes: en el tramo final, hay que mantener el caudal mínimo para frenar la salinización, asegurar la pesca de Tarragona y Vinaròs y evitar la regresión del propio Delta. (Un año de extrema sequía, como el actual, muestra lo absurdo de contar con “excedentes” del Ebro).

2. Por otra parte, se ignora la escasa calidad del agua a transferir, ya que en la zona donde está prevista la toma para el trasvase, ésta no cumple los mínimos de salubridad para consumo humano o para regadíos de calidad. En consecuencia, el agua trasvasada requeriría tratamientos de potabilización y desalobración para esos usos. Su coste no ha sido considerado en el PHN.

3. Por tanto, y a pesar de las cifras falseadas por el PHN, el precio del agua en destino (pagando, como es normativo, el coste de la conducción) sería superior al precio actual del agua de mar desalada. ¿Porqué no se plantea abiertamente la desalación como una alternativa al trasvase?.

4. A todo esto, yendo al argumento central del PHN, ¿realmente hace falta más agua en la costa?.

La comunidad científica viene señalando que la solución real a los problemas de escasez de agua está en la gestión -o sea racionalización- de su demanda, no en el aumento de la oferta. El mismo PHN reconoce que es posible la reducción del gasto de agua: evitando las fugas, reutilizando las aguas residuales. Pero finalmente, el PHN se niega a considerar estos factores, que, agregados, constituyen una seria alternativa al trasvase del Ebro. Racionalizar el consumo nada tiene que ver con las restricciones.

5. Cuando se habla de una “nueva cultura del agua” se está proponiendo precisamente gestionar mejor un bien cada vez más escaso. Pero el PHN refuerza la actual “cultura del derroche del agua”. Al mismo tiempo que en la Comunidad Valenciana se exigen trasvases, se sigue bombeando agua al mar, desecando los marjales, y permitiendo la contaminación. No somos una excepción, pero aún podemos estar peor.

6. Respecto del cambio de trazados, conectando con otros sistemas, es preferible no añadir confusión. (El asunto recuerda inevitablemente al embrollo del caso AVE). Conviene alertar, no obstante, que en cualquiera de las opciones, la Comunidad Valenciana siempre pierde, ya que el precio del agua se elevaría hasta niveles inviables para la pequeña explotación agraria . Desde la óptica del PHN, éste es un mal negocio para nuestro país.

7. Para finalizar, el impacto ambiental más grave del PHN se deriva, precisamente, de las expectativas que alimenta: el demencial desarrollo urbanístico en la costa mediterránea. No se trata de un prejuicio: basta con analizar los proyectos sobre recalificaciones de suelo, de norte a sur del país, para construir miles de nuevas viviendas, zonas de ocio y docenas de campos de golf. Ya es hora, por tanto, de que la Administración considere que el impacto ambiental de una obra va mucho más allá de la “herida” que causa a su paso en el territorio.

Aun suponiendo que no faltara agua, estos proyectos (que nadie está frenando) superan de sobra lo que se conoce como “capacidad de acogida” del territorio, generando toda serie de impactos: movilidad motorizada, contaminación, residuos, necesidad de nuevas infraestructuras, destrucción del paisaje...). Nuestra calidad de vida, la sostenibilidad del territorio, está seriamente amenazada.

En definitiva, el PHN estimula un uso irracional del agua, lo que llevará hasta límites irreversibles las tendencias actuales y a medio plazo, terminará por exigir nuevos aportes externos de recursos. Por eso, el PHN sigue siendo insostenible, a pesar de las correcciones o “maquillajes” de última hora.

Las alternativas, mucho más inmediatas, son más efectivas y baratas que el trasvase, y no por repetidas, las dejaremos de citar una vez más. Son actuaciones que sólo exigen un cambio de actitud, medidas de ahorro y reutilización del agua, evitar la contaminación, facilitar la recarga de los acuíferos, proteger y regenerar las zonas húmedas, establecer generosos caudales ecológicos. Estas propuestas generan actividad económica nada despreciable... sin destruir el capital natural.

Todo ello, controlando el proceso de la urbanización y las actividades que despilfarran el recurso. O sea, cambiando el modelo de desarrollo, o mejor aún, iniciando uno nuevo, esta vez sí, en el sentido de la sostenibilidad.

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