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Publicat el 13 - 3 - 2005 a Levante - EMV
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El Foro de Porto Alegre y los hábitos del chef

Eduardo Peris Mora

Universitat Politècnica de València

“Hay un creciente consenso sobre la importancia de fortalecer la toma de decisiones a nivel comunitario como método para contrarrestar el poderío de las empresas multinacionales” (Anita Roddick, Fundadora de The Body Shop y militante altermundista)

Resultaría raro hoy que un cocinero, chef, como ahora se les llama, se trajera al trabajo un bocadillo de casa o se hiciera traer la comida de un restaurante de la competencia. Hoy resultaría también raro, al menos en países medianamente desarrollados, que en los cuarteles o en las cárceles (por referirnos a organizaciones muy estructuradas) los oficiales no compartieran los menús que se preparan cada día dentro de las mismas instituciones. Y sin embargo no nos extraña que en otros ámbitos se produzcan situaciones que no se alejan mucho de la del raro chef.

Acaba de terminar el foro de Porto Alegre que en su actual edición ha vuelto a la ciudad brasileña en donde fue inventado en 2001. La participación en los foros ha sido en cada edición más amplia que en las anteriores y, en esta ocasión también ha sido redactada una declaración de reclamaciones que permitirían, de alcanzarse, cambios que hicieran posible “otro mundo” más solidario y habitable. Como se ha dicho no se trata de negarse a la globalización, que no tiene marcha atrás, sino de reclamar una globalización sostenible, posible y deseable. La tarea de abordar cambios pacíficos no resulta sencilla sobre todo porque la observación de la conducta humana nos tiene acostumbrados a comprobar que suele ejercerse más violencia en la defensa de situaciones de privilegio que en lucha por la conquista de derechos para quien nunca los ha disfrutado o ha sido privado de ellos. En todo caso las propuestas del foro brasileño no son más que una intención de transformar pacíficamente un mundo insostenible en otro mundo que permita una vida digna para la inmensa mayoría de la “familia humana”(en expresión de Kofi Annan). Se trata de mejorar el mundo generalizando los derechos humanos universales mediante una profundización y extensión de los procesos democráticos.

No será necesario hacer notar que lo que llamamos regímenes democráticos incluye estados y colectivos que van desde los maduros estados norte-europeos hasta la reciente farsa iraquí en la que se acaba de celebrar una votación mientras el país se hallaba en estado de sitio. También en Brasil, en la Conferencia de la ONU (1992) se había planteado hasta entonces unas maneras de propiciar la sostenibilidad mediante la profundización de los mecanismos democráticos a todos los niveles. A escala municipal, el famoso capítulo 28 de la Agenda 21 recomendaba ampliar las bases de decisión en una extensión que ni siquiera las sociedades de mayor tradición no se habían planteado. Con frecuencia, en Iberoamérica, se había recurrido a la formación de grupos humanos de colaboración solidaria muy extensos; recordemos las “ollas comunes” que empezaron en Chile en los peores momentos de hambre y que en Argentina se reprodujeron en muchas poblaciones y barriadas de las grandes ciudades para alimentar a miles de ciudadanos hambrientos tras las crisis del Corralito. Parece ser que en Porto Alegre se tenía una cierta sensación de fracaso porque en los foros sociales (según recomienda la A21L) del municipio solo participaba el 5 % de la ciudadanía, varios miles de personas. ¿Se imagina alguien que se pudiera dar algo parecido en nuestras proximidades?. No solamente es impensable, por lo que pudiera ser, desde la Administración municipal, permitir a colectivos sociales extensos conocer en detalle los presupuestos y su gestión, así como opinar y decidir sus prioridades, sino que tampoco –quizá por falta de tradición democrática- parece probable que una gran cantidad de ciudadanos se esforzaran en trabajar día a día –gratis- por la cosa pública en la gestión municipal.

Sin embargo, el prestigio de lo político atrae a los ciudadanos, al menos eso hace pensar el apego al seguir en política que manifiestan la mayoría de los que nos representan en las diversas esferas de la gestión institucional. Profesores, abogados, la mayoría de quienes han “saboreado los sinsabores” del poder (aunque sea un poder muy, muy pequeñito) suelen preferir cuando tienen otro buen oficio no volver a él; si no poseen un buen oficio anterior al de la política, además de carecer de la perspectiva del currante productivo, les será más duro todavía retornar a su estado social precedente. Todas estas reflexiones no vienen a cuento porque la tarea de quien se dedique a la política profesionalmente (temporalmente o de por vida) no merezca el máximo respeto social de la ciudadanía, sino porque da la impresión de que la clase política está demasiado bien diferenciada de las otras y a eso también es a lo que pretende hacer frente la A21L. Las clases parece que existen aunque haya quien diga que el marxismo ha muerto. En los últimos meses se ha producido en los medios de comunicación de titularidad pública un cambio positivo. Muchos debates abordan temas tratados por personas de diferentes partidos y/o tendencias políticas; con frecuencia se repite que, pese a las discrepancias, a veces tan virulentas, entre los representantes parlamentarios o municipales existe una gran camaradería independientemente de sus adscripciones. Lo que no esta tan claro es que entre ese colectivo y la ciudadanía exista suficiente comunicación.

Y es que yo no me he encontrado en demasiadas ocasiones a mis parlamentarios por la calle. Y si alguno de mis representantes se cruzó conmigo venía rodeado de colegas. La mayoría de quienes organizan lo público suelen estar distantes del público y eso viene siendo lo normal tanto en los partidos progresistas como conservadores. Llego al final y justifico las referencias al altermundismo posible de Porto Alegre para poder proponer a la manera de sueño utópico post-Foro una recomendación que podría mejorar la calidad democrática de nuestra vida. Se basa solo en dos principios:

1.La dedicación a tareas de responsabilidad política es voluntaria, jamás obligatoria, y debiera estar suficientemente retribuida para que permitiera una vida digna de quien la asuma.

2.Quienquiera que sea responsable de la gestión de servicios públicos, a cualquier nivel debería ser un usuario escrupuloso de los mismos. Por ejemplo, el uso del transporte, la sanidad y la educación públicas, entre otros, serían de cumplimiento obligatorio para todos los que asumieran responsabilidades de gestionar lo público a cualquier nivel.

Y de esa manera, como el chef del primer párrafo, estaría asegurada una meticulosidad y rigor que haría aumentar la calidad de los guisos, de las cosas gestionadas y de nuestras vidas.

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