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Publicat el 1 - 7 - 2001 a Diari Levante - EMV
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El agua de mis amores

Emèrit Bono

Emèrit Bono

Catedràtic de Política Econòmica

El Plan Hidrológido Nacional fue aprobado definitivamente en el Senado el pasado 20 de junio, tras una tramitación de urgencia y un debate acalorado. Me gustaría hacer algunas observaciones y alguna consideración política postplan.

La primera observación es relativa a la técnica de análisis coste-beneficio utilizada en la memoria del PHN. Se trata de evaluar cuanto costará la realización del plan (obras de infraestructuras, estaciones de bombeo, compra de tierras, etc.) y los beneficios que generará (rentabilidad de las tierras que regará, urbanizaciones que se llevaran a cabo, etc.). Pues bien, según el PHN habrá unos beneficios netos de 700.000 millones de ptas. Pero dicha técnica coste-beneficios es compleja y sujeta a cierta subjetividad de los evaluadores (dificil de evitar en muchas ocasiones), lo cual, si no se tiene cuidado puede provocar un sesgo favorable a una posición determinada de antemano, en este caso, la realización del PHN.

Pedro Arrojo, profesor de la Universidad de Zaragoza y educado en la técnica análisis coste-beneficio en la Universidad de Berkeley (California), ha puesto de relieve algunos de los errores inaceptables cometidos en dicha evaluación. Este autor afirma que inflar unas 110 ptas./m3 el llamado valor de oportunidad de las aguas urbanas, dar periodos de amortización de 50 años a infraestructuras como instalaciones de bombeo que tienen estandares de 15 a 25 años, olvidar los costes derivados de la masiva regulación de caudales que exigen estos trasvases, así como los de depuración de las aguas trasvasables, caracterizadas oficialmente como de mala calidad, sesgar a la baja las expectativas de costes energéticos, considerar como beneficios los costes laborales en la agricultura , etc. constituye un auténtico desproposito.

Según Arrojo rectificando sencillamente algunos de aquellos elementos y considerando todos los costes directos e indirectos, se producen unas pérdidas netas no inferiores a los 400.000 millones de ptas.

¿Y por qué se ha llevado a cabo esta evaluación oficial tan favorable?. Sencillamente, para recibir dinero de la U.E.: los proyectos a financiar no han de ser deficitarios, que es lo que hubiera sucedido con toda probabilidad de aplicarse correctamente el análisis coste-beneficio.

La segunda reflexión es que, del agua trasvasada al litoral mediterráneo, 462 Hm3 son para el consumo urbano, lo cual puede permitir un asentamiento permanente en la costa mediterránea (la Comunidad Valenciana, Murcia, y algo Almeria) de no menos de 3 millones de personas (como elemento de referencia la Comunidad Valenciana con 4 millones de personas tiene un consumo urbano de agua de 600 Hm3). En esta misma dirección acaba de aparecer en los medios de comunicación que los 60 municipios litorales de la Comunidad Valenciana que dan cobijo al 52% de la población (unos 2 millones de habitantes) tienen previsto extender su mancha urbana para albergar a 2 millones de personas más, cifra que se correponde, más o menos, a lo apuntado más arriba. La presión antrópica sobre la costa que ello va a generar será enorme lo cual tendrá consecuencias negativas evidentes en las condiciones de habitabilidad, así como en el deterioro del mercado turístico.

A mi juicio, estos planteamientos son miopes y tienen una visión muy a corto plazo. Siguen la premisa del turismo de “sol y playa” que aparentemente es la más rentable pero pierden la perspectiva de la permanencia de actividad del sector turístico en el futuro... que no puede ser otro que el “turismo de calidad”, como han hecho otros paises (Italia) y otras regiones (la Costa Brava). En toda esta política se observa una falta de previsión, de ordenación territorial y medio ambiental inexplicable, si nos atenemos a los cánones de una cierta racionalidad de los paises de nuestro entorno comunitario. Parece como si la política turística de la C. V. tuviera como premisa que “el futuro se ocupe del futuro”, que es la que guía a G. Bush al no aceptar los acuerdos de Kyoto.

Una tercera y última reflexión postplan tiene que ver con las posiciones mantenidas por los distintos grupos políticos. Así el PP, cambia su posición sobre los planes hidrológicos que había mantenido en la época socialista (el plan hidrológico de Borrell de 1993) de no trasvase entre cuencas hidrográficas; por el contrario, los socialistas tienen una actitud nueva, distinta asumiendo en gran medida la nueva cultura del agua que emerge de la reciente Directiva Marco de Aguas de la U.E.

Estos cambios de perspectiva han creado en algunos ambientes de la opinión pública cierta perplejidad. Recuerdo que cuando Aznar dijo en 1994 aquello de “que el trasvase de las cuencas del Norte hacia las cuencas del Sur.... es muy agresor con el medio ambiente y que además pretende algo como alterar sustancialmente la geografía nacional...”, lo comenté con algunos ecologistas, y éstos, mostraban su acuerdo a la vez que su incredulidad de que, el entonces candidato obrara consecuentemente si llegaba al poder. Ahora ya hemos comprobado lo que ha pasado con el PHN.

La nueva actitud del PSOE también ha generado incredulidad y desconfianza ¿Por qué este cambio? ¿Será una muestra de “oportunismo” opositor del juego parlamentario? No parece coherente esto último con la política de pactos de Estado que defiende y practica (vease el pacto de justicia, etc.) la nueva ejecutiva de Rodriguez Zapatero.

Tampoco tiene suficiente justificación dicho cambio por el posible apoyo (como ha dicho sistematicamente el PP) que el PSOE quiera dar a las posiciones del gobierno autonómico aragonés de Marcelino Iglesias, o del Gobierno Balear de Antich, frente a posiciones pro-pacto de los socialistas de los gobiernos autónomos de Castilla La Mancha, Extremadura o Andalucia (este último más tibio). Estos últimos casos esgrimidos por el PP como falta de cohesión del PSOE, a mi juicio, constituyen, por el contrario, una nueva forma de enfocar la diversidad de políticas que necesariamente implica el Estado de las Autonomías. El PP tiene todavía en la cabeza viejos tics jacobinos, que no se adecuan a las trasformaciones que está experimentando el Estado-nación, consecuencia, entre otras, de nuestra integración en la U. E. y el proceso de globalización, que implica mayor versatilidad y proximidad en la toma de decisiones políticas.

Todo lo anterior no comporta que este proceso no esté exento de tensiones y problemas. Así, por ejemplo, tengo la sensación que el presidente de Castilla la Mancha ha pactado institucionalmente con el PP, el PHN; y , con el PSOE ha pactado políticamente el Plan Hidrológico alternativo. Esta situación, un tanto kafkiana, se va a dar y se está dando bastante a menudo y, por tanto no nos podemos rasgar las vestiduras... Sin embargo, hay otras cuestiones como la solidaridad interregional, tan importante para la izquierda, que pueden quedar muy afectadas... a no ser que partamos de la premisa de que “la solidaridad empieza por uno mismo” con lo cual nos quedamos con aquello de que “quien más pueda para él” todo un ejemplo de insolidaridad.

Por todas estas razones, yo creo que el PSOE ha dado un giro de 180 grados en su concepción de la sostenibilidad de un recurso tan fundamental como el agua. Pero ¿va a seguir “sosteniendo” en el futuro esa nueva cultura del agua, pasando después a las sostenibilidad energética, de uso de materiales...? Bien, no es posible saberlo y dependerá de la presión de la ciudadania sobre los políticos e instituciones. En cualquier caso la nueva vía abierta de lo hidráulico a lo hídrico constituye un paso de gran importancia que abre la esperanza políticamente hablando de que el proceso se encarrile por la vía de la sostenibilidad.

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