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Publicat el 1 - 4 - 2007 a Levante - EMV
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Democracia ¿sostenible?

Eduardo Peris Mora

Universitat Politècnica de València

Una mina de carbón no puede ser explotada de manera sostenible. Un bosque puede explotarse sosteniblemente o explotarse como una mina de carbón. Fernando González Bernáldez. Ecólogo. Sevilla 1972.

La “sostenibilidad” está de moda. Parece que la sostenibilidad se ha popularizado a partir del famoso informe Brundtland de 1987, pero la realidad es que hace muchos más años el concepto (anterior a la palabra que se usa hoy) ya había sido bien definido en estudios antiguos como por ejemplo el famoso “los límites del crecimiento” de Dennis L. Meadows en el 72. La explosión en el uso universal del término se produce, sobre todo, a partir de la Conferencia de NNUU sobre Medio Ambiente y Desarrollo en Río de Janeiro, en 1992. A partir de entonces la posibilidad de “actuar de manera sostenible” sobre el medioambiente se convierte en el nuevo paradigma; los anteriores paradigmas, “quien contamina paga” y “más vale prevenir que curar” no habían sido lo suficientemente útiles para hacer frente a los problemas crecientes. Así pues, para describir el comportamiento ambiental de las actividades, se habla de empresas sostenibles, construcción sostenible, proyectos sostenibles, etc. Existen incluso normas internacionales (ISO 14001, etc.) que tienen como objetivo el proporcionar instrumentos de gestión sostenible para cualquier tipo de organización.

Si la sostenibilidad es, en una de sus definiciones más conocidas, satisfacer las necesidades actuales sin impedir que puedan ser también satisfechas por las futuras generaciones, no le hace perder valor el cambiar la palabra “necesidades” por la de “oportunidades de negocio”. Calificando de “negocio” no sólo el mercantil –comprar y vender- sino el significado de no-ocio, o lo que es lo mismo, cualquier actividad práctica o productiva.

La aplicación de ideas y estructuras intelectuales surgidas y maduradas en un sector científico a otros sectores bien diferentes suele dar resultados interesantes. Así por ejemplo, todos sabemos que Internet, que se creó a partir de intereses militares, alcanzó su desbordante éxito al trasladarlo a la sociedad no militar; la aplicación de la termodinámica –nacida para interpretar el funcionamiento de las calderas- al estudio de los ecosistemas ha producido avances muy importantes, etc. Así pues, como propuesta pintoresca ¿por qué no nos preguntamos si la sostenibilidad es aplicable a un tipo particular de empresa: la democracia? Es la democracia “esa manera de organizarse las sociedades según la cual las personas se dotan de estructuras de gobierno que propician el máximo de felicidad para todos, atendiendo a la voluntad de la mayoría y respetando a todas las minorías”. Es por lo tanto una “Organización” como otra cualquiera a las que se refiere la norma ISO mencionada y sobre la que nos podríamos preguntar si, aplicando las recomendaciones de la norma, podría valorarse como una empresa de gestión sostenible. Podemos exigir a esa organización los objetivos de “minimización de impactos”, los de “mejora continua”, los de “máxima participación de las partes interesadas”, etc., como textualmente recomienda y exige la Norma. Las Organizaciones que implantan un Sistema de Gestión Ambiental normalizado suelen someterse periódicamente a una ecoauditoría realizada por terceros independientes. La superación de la auditoria permite interpretar que la organización auditada desarrolla sus actividades de manera sostenible. ¿Pasaría nuestra democracia una auditoria de sostenibilidad? Mejor que cada cual opine por su cuenta.

Una de las ventajas que todos los teóricos de la ecogestión destacan es que tras la implantación del Sistema normalizado “mejora la moral de los trabajadores” (o más en general de las partes interesadas”). Eso es claro en una empresa productiva que, con la mejora ambiental, además ahorra recursos y abarata los sistemas de producción. En la Democracia (en nuestra democracia) las actuaciones de algunos políticos, en permanente cabreo, sin ofrecer iniciativas ni aportar una argumentación racional, solamente descalificando y sin espejos en los que mirar sus propios comportamientos, son el ejemplo más patente de la imposibilidad de ejercer la actividad en forma sostenible. Es importante en los sistemas de gestión ambiental normalizados, disponer de datos históricos de consumos y revisar permanentemente sus procesos, para diseñar y justificar la “mejora continua” que exige la Norma. ¿Por qué tanto miedo a las hemerotecas? Por ejemplo, un ex-presidente del Estado, muy chistoso, no exigía disculpas al Islam por invadir España hace catorce siglos, y así justificaba la irresponsabilidad de los errores cometidos en su mandato. Sin embargo, pensar lo pasado y reorientar el futuro no sería cosa mala para todos los que han ostentado poder político, en todos, todos los grupos, y a todas, todas las escalas. La Norma ISO 14001, volviendo a sus recomendaciones a favor de la sostenibilidad, exige que se registren todas las No Conformidades y se redacten Partes de Medidas Correctoras y se implanten acciones preventivas: ¿Han redactado esos partes de NC, MC, AC los grupos políticos (PSOE, PP, CiU, IU, etc. mientras ejercieron el poder o tras la pérdida elecciones, autonómicas, del estado o municipales) para gestionar la “mejora continua” y la sostenibilidad de la democracia?

Hace años, cuando se comenzaba a introducir en la industria española las técnicas de análisis procesos y mejora de rendimientos del trabajo, las empresas consultoras organizaban seminarios de formación en las viejas fábricas. Allí, trabajadores de todos los niveles miraban con desdén a esos señoritos que venían a explicar cosas muy teóricas a esos veteranos que dominaban formas tradicionales de trabajar; su respuesta solía ser: ”poco me van a enseñar a mí”…. Hoy en el mundo empresarial los sistemas de gestión de calidad y de medio ambiente se han impuesto porque la competitividad y las “partes interesadas” lo han hecho necesario. No sólo para las fábricas con chimenea sino para la mayoría de las empresas u organizaciones, incluyendo ONG’s, municipios, campos de tiro militares y hospitales, entre otros. Quien no se ha apuntado ya a esa modernidad está ya, o le falta poco, a punto de pasar a la marginalidad. “Nuestra democracia está consolidada por treinta años de vida”, decimos todos, quizás más para expresar un deseo que para constatar una verdad. Si nuestra democracia no puede pasar una ecoauditoría de sostenibilidad, deberíamos empezar a preocuparnos para arreglar las cosas.

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