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Publicat el 6 - 5 - 2007 a Levante - EMV
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Demócratas de un día

Antonio Montiel Márquez

Advocat

“Lo esencial es garantizar una participación continua de los ciudadanos en la vida pública. Los gobiernos locales deben reflexionar sobre los mejores medios para renovar el contacto con el público y responder a sus nuevas expectativas. Los sistemas políticos locales deben adaptase mejor a las necesidades de los ciudadanos. (…) La participación en la vida política local no sólo es posible: sobre todo, es deseable”.
Recomendación Rec (2001) 19 del Comité de Ministros del Consejo de Europa.

Los primeros días de abril se convocaron oficialmente las elecciones locales y autonómicas, aunque hace ya semanas que nuestras calles y plazas se han ido llenando de imágenes de señoras en traje de chaqueta de estilizado diseño y caballeros en mangas de camisa recién planchada, todos muy dispuestos a esforzarse por nosotros, humildes ciudadanas y ciudadanos. Ha llegado la primavera electoral, pródiga en sonrisas y buenas intenciones y, según se asegura, pronto florecerán nuevos centros educativos, hospitales, aparcamientos subterráneos, parques y un sinfín de mejoras tan necesarias para barrios y ciudades.

Tanta bondad, tanta empatía, tanto altruismo por parte de personas tan atentas a nuestras necesidades sólo requiere para hacerse realidad que demos cumplimiento responsable a nuestro derecho, y a un tiempo sagrado deber democrático, consistente en acudir el día convenido a extender, a su nombre naturalmente, esa especie de cheque en blanco en que pretenden convertir nuestro voto. Un ritual que fundamenta su eficacia en la pretensión de que el elector, aparentemente moldeable a golpe de publicidad, se ajuste al pretendido guión de votar movido más por la ilusión del futuro que se le promete y por el deslumbramiento de grandes fastos mediáticos, que por una elección racional, nacida de la evaluación del comportamiento y resultados reales del periodo de gobierno de la candidata o candidato de turno y del examen de credibilidad que puedan merecer quienes ofrecen para el futuro cuanto podría ser ya realidad si se hubiesen aplicado a ello en el inmediato pasado.

Con obstinada y lamentable frecuencia responsables políticos que durante cuatro años ejercieron una suerte de autismo político que parecía impedirles escuchar y recoger las inquietudes y propuestas de la ciudadanía, incapaces de consultar y de rendir cuentas ante aquellos a quienes deben su posición, al llegar las fechas electorales se postulan a sí mismos como próximos, receptivos y accesibles para la comunidad.

Pulcros y afables, ahora desde sus pedestales publicitarios. Alcaldesas y alcaldes que han acreditado repetidamente su incapacidad para escuchar y tomar en consideración el parecer de los afectados por actuaciones nefastas para nuestro patrimonio y de nula rentabilidad social como son la destrucción de l’Horta de La Punta para una ZAL fantasma, la injustificable prolongación de Blasco Ibañez a través del Cabanyal o el traslado forzoso del hipermercado de Saplaya a la huerta histórica de Vera-Alboraia, entre otras; personajes rabiosamente opuestos a discutir y consensuar con sus propios conciudadanos el modelo de ciudad deseable (Porxinos y otros PAIs en Riba-roja de Túria, Nou Mil.leni en Catarroja, Manhattan de Cullera, entre otros tristes ejemplos), responsables de despilfarrar unos limitados recursos naturales que ya no podrán disfrutar nuestros hijos, nos exhortan a entregarles un voto que parece ser lo único que anhelan de nosotros.

Encantados de conocerse y seguros de saber lo que nos conviene, mejor incluso que nosotros mismos, pocos se han sentado a hablar con las ciudadanas y ciudadanos de a pie de sus problemas y aspiraciones, ninguno presenta un balance real de gestión que incluya sus incumplimientos y la voluntad de corregir sus errores, nadie es capaz de comprometerse con los destinatarios de su sonrisa a diseñar y construir juntos nuestras ciudades.

Cuando en todo el mundo resuena la preocupación por la baja calidad democrática de las fórmulas tradicionales de relación entre representantes y representados, por el alejamiento entre unos políticos cada vez más profesionalizados y distantes y una ciudadanía cada vez más consciente que demanda nuevos espacios de expresión y participación, alguien como la Sra. Barberá, mentora y referente de Camps, parece no sentirse siquiera obligada a explicar su reiterado incumplimiento de la Ley de Régimen Local que, desde diciembre de 2003, obliga a ciudades como Valencia a crear un Consejo Social de la Ciudad en el que se integren las organizaciones sociales, económicas, profesionales y de vecinos más representativas. Un Consejo, cuyas funciones mínimas según dicha Ley, han de ser: la emisión de informes, estudios y propuestas en materia de desarrollo económico local, planificación estratégica de la ciudad y grandes proyectos urbanos.

Expertos e instituciones, desde Naciones Unidas a la Unión Europea, pasando por la OCDE, recomiendan desde hace años implicar cada vez más a los ciudadanos en la elaboración de las políticas públicas, fortaleciendo la información, la consulta y la rendición de cuentas, alentando, en definitiva, la participación activa de la ciudadanía a través del establecimiento y uso efectivo de mecanismos de democracia participativa que superen las limitaciones de la actual democracia delegativa.

Por contra, en muchos pueblos y ciudades valencianas, al igual que en Valencia, se obstaculiza el acceso a la información de la ciudadanía, se ciegan los cauces para su libre expresión, se coarta su elemental derecho a la más mínima participación en las grandes decisiones sobre el futuro de sus comunidades y, tan sólo cuando se aproxima el día de las elecciones, se nos invita a plebiscitar a quienes, con irritante frecuencia a lo largo de los últimos años, han pretendido mantener a las ciudadanas y ciudadanos en un estado de minoría de edad intelectual, tratándonos como meros objetos de la gestión política y privándonos de toda capacidad de decisión.

Pretender limitar la democracia al día electoral es una falsedad interesada, es tratar de perpetuar un modelo que excluye a los ciudadanos de la política real, limita nuestros derechos y busca relegarnos a una mera función de consumidores de decisiones ajenas. Pero hay algo importante para lo que siempre puede servirnos ese día, para sacar de su ensimismamiento y de su sillón a tanta/o narcisista prepotente.

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