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Publicat el 12 - 5 - 2002 a Diari Levante - EMV
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Ciudadanos activos

Trini Simó

Professora d'Història de l'Art, Universitat Politècnica de València

“La ciudad no es el resultado necesario e inevitable de las actividades de una sociedad. La ciudad no puede construirse y mantenerse si no traduce los deseos de los individuos, de una sociedad y de sus instituciones. La ciudad no es un accidente, es una invención humana”. León Krier, arquitecto y urbanista. “Carta de la ciudad”

Una frase de Alexis de Tocqueville, político francés decimonónico, gran defensor de la democracia, me ha impulsado a reflexionar. Dice así: “Sin poder ni independencia las ciudades pueden albergar buenos súbditos, pero no pueden tener ciudadanos activos.”

Ciudadanos activos quiere también decir ciudadanos responsables. Ciudadanos que se interesan por su ciudad, que entienden su evolución, que comprenden sus problemas, que se enorgullecen de lo que poseen y que lo cuidan. Pero esta actitud presume que estos mismos ciudadanos están satisfechos de como se gestiona su contribución económica, que participan en las decisiones importantes que afectan a su ciudad, que saben que sus opiniones son escuchadas y que no son tratados como masa, sino como individuos, que no se sienten manipulados sino partícipes y por lo tanto no están regidos por mecanismos de autoridad (aunque esta se enmascare de populismo, como es el caso de Valencia, y ustedes lo saben muy bien), sino que su administración oye, pregunta, dialoga.

Existen ciudades que se han dado cuenta de la importancia de la participación. Porto Alegre y Curitiba, por ejemplo, dos ciudades del Brasil, llevan adelante este tipo de gobierno. Curitiba, por centrarme en una de ellas, cuenta en la actualidad con 1,6 millones de habitantes. No es precisamente hermosa por sus monumentos históricos, que no los tiene, como tampoco está situada en un paraje espectacular. Curitiba podría ser una ciudad más. Sin embargo, ocurre todo lo contrario. Curitiba es una ciudad singular, que se ha convertido en uno de los escasos referentes mundiales de ciudad ecológica, ciudad que respeta los parámetros de la sostenibilidad. Y el cuidado del medio ambiente, todos lo sabemos, no se puede llevar a cabo sólo desde arriba, sino que implica una buena información y la activa colaboración de todos sus ciudadanos (y este sería un hermoso y palpable ejemplo para nosotros de la necesidad de una auténtica democracia y participación y de una fiable información de la administración a la ciudadanía).

El viajero que va a Curitiba va sintiéndose mejor a medida que la conoce más, que penetra por sus calles, que circula en su red de transportes, que percibe su importante pero sosegado tránsito peatonal, que mira su arquitectura correcta y sin estúpidas ni mercenarias originalidades, que pasea por sus avenidas sombreadas, que siente el aire menos contaminado, que nota que es mucho menos ruidosa que las ciudades que conoce, que cuenta con muchas plazas arboladas, que dispone de parques (y estos no sólo son hermosos sino que además, al estar estratégicamente ubicados, sirven de contenedores y absorben las aguas que se desbordan del río en las épocas de fuertes crecidas) .

Curitiba es también una ciudad que sorprende por su limpieza : limpia, porque tiene un nivel de contaminación muy inferior al del resto de ciudades como ella; limpia, porque dispone de un inteligente sistema de transporte público, con una red de metro en superficie ( que Nueva York está incorporando), carriles para los autobuses, carriles para bicicletas, calles con tráfico reducido y una distribución muy racional de toda la red, de modo que además de ofrecer un excelente servicio a los ciudadanos limita en gran medida la necesidad del coche privado; y limpia, en fin, porque cuenta con un eficaz y muy especial sistema de recogida, selección y tratamiento de basuras que, por otra parte, oferta trabajo a los que lo necesitan.

Curitiba en este momento es un ejemplo para muchas ciudades con deseos de proyectarse en un urbanismo integrado y sostenible, el único posible si se quiere reducir tanto los problemas que les afectan como su impacto urbano. Curitiba diseñó, dentro de la idea de un urbanismo ecológico e integral, una planificación global donde estaba incluido el trabajo, el transporte público, la vivienda, el ocio, la educación y la sanidad. Ante el éxito de esta política, muchas ciudades están aplicando hoy aspectos de su urbanismo. De manera que es una ciudad para la esperanza.

Todo esto se ha conseguido gracias a un conjunto de voluntades dispuestas a hacer una ciudad mejor y gracias también a una participación pública importante y continua. Para ello el primer paso fue establecer, según comenta el arquitecto Richard Rogers en “Ciutats per a un planeta petit”, “miríades de politiques destinades a incrementar la conciencia ambiental i social, cobrint-ho tot, desde l´educacio al comerç, desde el transport a l´urbanisme(...). Com a resultat, els ciutadans senten que son amos de la seva ciutat i responsables del seu futur”.

La participación es necesaria para que los habitantes fabriquen sólidos lazos de unión con la ciudad en la que viven. Es también la única manera de acortar el distanciamiento cada vez mayor- y esto es un problema a nivel global- entre los que gobiernan y los que votan. Estos últimos deben de recuperar la acción, la palabra y el pensamiento. El voto representa un paso en la vida política de la ciudad, pero muy poco puede hacerse si esa primera e importante acción de la democracia no va seguida de una verdadera participación.

En realidad, no creo que hayan ciudadanos pasivos o desinteresados por su ciudad. Hay, sí, ciudadanos desinformados o mal informados, o bien ciudadanos desencantados, o tal vez ciudadanos que se sienten manipulados. También los hay desesperados.

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