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Publicat el 10 - 11 - 2002 a Diari Levante - EMV
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Seguros ¿de qué?

Pura Duart

Professora de Sociologia. Universitat de València

El poder sólo se ocupa de las masas que quiere enemistar o dominar. Elías Cannetti

En los últimos años la peligrosidad laboral está aumentando. En la medida en que los beneficios de las empresas se destinan a pagar tecnologías más sofisticadas, los trabajos más peligrosos se nutren de mano de obra vulnerable, fácil de sustituir y, por tanto, barata. El trabajo ‘descualificado' lo sufren aquellos a quienes apremia la necesidad (jóvenes o emigrantes), cuya vida no repercute en las cuentas de las empresas. La industria de la construcción es una de las que más muertes produce.

Para algunos la compraventa de viviendas es un negocio muy rentable. Otros, los más pobres, trabajan cada vez más para poder pagar una casa. Los más ricos, inmobiliarias, prestamistas y compañías ‘aseguradoras', les exigen un esfuerzo cada vez mayor: durante un creciente número de años, los menos afortunados, los que no tienen fortuna, dedican a pagar su casa hasta las dos terceras partes del salario. Por razones históricas y complejas, la vivienda en este país tiene un valor que excede al de su precio

La administración atribuye la responsabilidad de la situación a la población que la padece, se reserva la gloria de la supuesta mejora económica y esconde las estadísticas. Si esto no es suficiente, emplea los métodos más primarios contra quienes se le oponen. Sus respuestas son cada vez más paranoicas: en sus hechos, como cuando ordena que la fuerza de las armas acabe con la experiencia de okupación ciudadana en la Calle de La Reina; en sus dichos, como cuando trata de estigmatizar a l@s okupas considerándoles un riesgo, asimilándoles a sus terrores.

Según Cannetti, la paranoia, enfermedad propia del poder, se caracteriza porque detrás de ella, como detrás de cada poder, se halla la misma tendencia profunda: el deseo de barrer a los otros del camino . La violencia paranoide de los poderes que nos gobiernan se encarna en su preocupación por la limpieza

Antes de la berlusconización, en algunas de las ciudades europeas más orgullosas de sus movidas , como Londres o Berlín, l@s okupantes se ganaron el respeto de sus conciudadanos contribuyendo a contener la degradación urbana y, con ello, a limitar el ansia de los especuladores. Sin embargo, hasta los directivos de las grandes inmobiliarias se sorprenden de que, dadas las circunstancias, el movimiento okupa tenga tan poca presencia en España (ver las páginas de economía de El País del domingo 20 de Octubre).

En la metrópolis posmoderna, la mayor parte de las reivindicaciones de los movimientos sociales se resuelven en el consumo. Uno de los pocos grupos que promueve acciones y no sólo reclamaciones, que tiene un proyecto regenerador, es el movimiento okupa. Su resistencia contra la voracidad de los privatizadores del beneficio (que no del trabajo o del peligro) ha conseguido excepcionalmente conservar algunas casas y algunas cosas. Aunque no sea tan visible, también su esfuerzo ha contribuido a revitalizar las relaciones sociales de algunos vecindarios urbanos, castigados por el olvido de las instituciones.

Decía Haussmann que la demolición del viejo París obedecía a las exigencias de la nueva higiene, para llevar aire y luz a los barrios obreros , pero lo que hacía era ampliar la anchura de las calles para dificultar los levantamientos populares. Su idea totalitaria de seguridad desmanteló el corazón parisino para facilitar el acceso a los soldados y a sus máquinas, abrió el camino más corto entre los cuarteles y los barrios pobres. Como afirmaba Benjamin, en las remodelaciones urbanas se muestra el ‘progreso' mediante el desarrollo de los medios para arrasarlas hasta sus cimientos .

La percepción del riesgo no es natural, no tiene mucho que ver con la probabilidad. Que una sociedad considere que algo constituye para ella un riesgo depende de sus mediaciones institucionales. La atención que las instituciones dedican a unos u otros posibles peligros, produce dos efectos: por un lado, oculta lo que desestima como no peligroso; por otro lado, ilumina otros problemas, en especial los relativos a sus conflictos internos. Los poderosos de todos los tiempos han utilizado la cuestión del riesgo para tratar de manipular a las masas, enemistándolas entre sí para poder dominarlas. Cuanto más autoritario es el poder, más recurre a la destructividad ‘purificadora' (de las armas o de las excavadoras) contra quienes designa como peligrosos.

Mientras afila los martillos para desalojar a los otros de su camino, el poder se encierra para permanecer, para evitar las metamorfosis. Pero sabemos que todos acaban cayendo. No se pueden poner puertas al viento.

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