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Publicat el 27 - 6 - 1989 a Levante - EMV

La Politécnica estudia los efectos de los filtros de agua

Eduardo Peris Mora - Universitat Politècnica de València

No hay reglamentación suficiente

La comercialización de aparatos de uso doméstico para depurar el agua potable puede ser perjudicial para las personas con riesgo de enfermedades cardiovasculares. La aparición en el mercado de descalcificadotes domésticos, que se presentan como alternativa al consumo de aguas minerales embotelladas, está siendo cuestionada por organismos públicos, que advierten de la falta de reglamentación específica y descubren las características técnicas de estos dispositivos, según un estudio realizado por Eduardo Peris Mora, profesor titular de Ciencias Químicas de la Universidad Politécnica de Valencia.

La preocupación por la salud y las exigencias de mayor calidad de vida han despertado la capacidad de consumo de la población. La instalación de estos instrumentos a domicilio, capaces de eliminar el calcio y el magnesio para disponer de agua blanda, hace cada vez más necesaria la investigación médica para prohibir los descalcificadores u obligar al fabricante a señalar la incorporación del ión Na positivo.

“Se sabe que los propios alimentos disponen del sodio suficiente para mantener el equilibrio en el organismo, y que la reducción o eliminación del añadido en la dieta resulta favorable. De modo que, mientras se limita la sal sódica en la cocina, se guisa con agua descalcificada o se bebe agua tratada con estos aparatos. En el cambiador iónico doméstico se han sustituido los iones originales del agua por Na positivo, con lo que la dieta sódica aumenta”, argumenta el profesor Peris Mora.

El suministro de agua a las poblaciones se realizó, desde un principio, sin tratamientos previos o, en algunos casos, con los mínimos para evitar el riesgo de enfermedades infecciosas. Las normas de potabilidad no han sido siempre las mismas, y el nivel de conocimiento científico ha modificado la lista de especificaciones. Resulta curioso que en los balnearios de principios de siglo se valoraran las aguas radiactivas, mientras que en la actualidad las restricciones en las aguas de bebida son cada vez más estrictas.

Por otra parte, la OMS aconseja que los contenidos de calcio-magnesio en el agua potable sean de 75 y 30 miligramos por litro, respectivamente, como máximas deseable, y 200-150 miligramos por litro en máximos admisibles; “pero resulta que sobre esas dos especies químicas existe una mala imagen, debido, sobre todo, a que las aguas de consumo industriales ocasionan molestias, de manera que para determinadas actividades hay más exigencias que para el agua de bebida”, explica Peris Mora.

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