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Publicat el 29 - 4 - 2001 a Levante - EMV

SOMBRAS EN EL CABANYAL

Luis Francisco Herrero - Arquitecte

Del millón de folios justificativos del plan del Cabanyal enviados por el Ayuntamiento, me han llegado los treinta y uno que me corresponden. Como todo el mundo sabe, dicho plan propone la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez, torcida y estrechada, como una exigencia ineludible para conectar el centro con el Paseo Marítimo.

¿Y ello porqué? Pues entre otras razones, en la información recibida se encuentra esta perla: '(la prolongación de la avenida es) una ilusión centenaria que tiene una fuerte carga simbólica por su misma denominación históri-ca de Paseo al Mar, que hay que rescatar. Es un proyecto que la ciudad necesita para recuperar su propia autoestima, su propia dimensión de grandeza, y esa proyección hacia el futuro que en su conjunto demanda. La ampliación de la conciencia ciudadana respecto a su propio orgullo como capital requiere acometer esta operación decisiva para su imagen futura'.

Nos encontramos, pues, ante un operación urbanística con propiedades terapeúticas sobre los problemas psí-quicos de los valencianos del 'cap i casal', donde las palabra autoestima asociada a grandeza, orgullo y futuro me recuerdan ideales pertenecientes a épocas no tan lejanas en la historia de este país donde las libertades brillaban por su ausencia; ni una palabra sobre los vecinos del Cabanyal que mantuvieron una dolorosa huelga de hambre de 21 días con el único objetivo de conseguir audiencia para explicar sus ilusiones.

Creo que en las ciudades de la democracia que estamos aprendiendo a construir, la conciencia ciudadana no reclama un futuro de grandeza y orgullo, sino profundidad democrática, participación en las decisiones. Porque, ilusión por ilusión, ¿es acaso menos válida la ilusión con que los habitantes de Vila Nova del Mar han vista crecer su núcleo histórico desde el siglo XIII? ¿Y su ilusión cuando proyectaron su bien trazado ensanche a finales del siglo XIX, sin sospechar siquiera que una avenida iba a venírseles encima cuando aún eran municipio independiente con el nombre de Poble Nou del Mar y la ciudad de Valencia estaba rodeada de murallas? ¿Qué pasa con la ilusión con que vieron reconocida la labor de generaciones sensatas y conocedoras de su entorno, al ser declarado el ensanche del Cabanyal-Canyamelar Bien de Interés Cultural, por la Generalitat Va-lenciana, en 1993, cuando ya eran barrios integrados en la ciudad de Valencia?

Definitivamente, los habitantes del Cabanyal estorban en 'la ampliación de la conciencia ciudadana respecto a su propio orgullo como capital' que pretende la alcaldía: a pesar de haber sido anexionados hace más de cien años, aún no son considerados parte de la capital.

Y ¿qué decir respecto a la imagen futura que se pretende conseguir?. Veamos cuál es el análisis de la situación según el documento repartido a los alegantes repite media docena de veces: '...no ha sido la inanición (sic) sino el desarrollismo, el construir fincas altas sustituyendo unifamiliares, el origen de los problemas. El resultado es un barrio caótico, despersonalizado ...Es aquella introducción de edificios fuera de contexto la que ha pro-vocado un entorno poco funcional y nada atractivo. Es la incongruencia del tejido así formado a retazos, aquí fragmentos de pueblo, allá de mala ciudad, la que ha provocado la fuga de habitantes y actividad'

Comprobemos ahora cuál es la respuesta proyectual a este análisis. En primer lugar y con carácter ejecutivo inmediato, se propone ampliar la avenida con un retazo de mala ciudad plagado de edificios fuera de contexto, precisamente en la zona donde se conserva mejor la tipología original que da origen a la estructura del barrio: en la zona de la ampliación, más del 80% de los edificios son unifamiliares de planta baja y una o dos alturas; ¡todo este patrimonio protegido va a ser sustituido por edificios de viviendas de cinco alturas!

La segunda gran operación del plan consiste en recuperar el carácter unifamiliar y el perfil tradicional de planta baja más una o dos alturas en el resto del ámbito de planeamiento; para ello todos los edificios de 'la época desarrollista' de más de dos alturas quedan Fuera de Ordenación Diferido, figura que, como bien se encarga de recordar el documento analizado, no tiene carácter ejecutivo inmediato: 'Cualquier edificio anterior a 1988 existente en la ciudad de Valencia se encuentra en fuera de ordenación diferido ya que es seguro que no se adapta en todas sus determinaciones a las Normas del Plan General y no por ello tienen que derribarse'.

El resultado de todo ello será que durante un tiempo indeterminado, las fincas altas y fuera de contexto existentes en la actualidad, convivirán con las fincas altas y fuera de contexto proyectadas en la prolongación de la avenida, aumentando la tendencia a la 'fuga de habitantes y actividad' que se señala en el análisis efectuado por el equipo redactor. Por ello, hay que concluir que el Plan del Cabanyal con la prolongación de la Avenida, no contribuirá a 'la conservación de los barrios y su revitalización' como falazmente asegura el documento repartido por el Ayuntamiento, sino que los destruirá definitivamente.

Se perderán así unos barrios (ni caóticos ni despersonalizados, ¡acudan a conocerlos en la próxima edición de Portes Obertes en mayo y junio) que forman parte de la identidad de Valencia y cuyos habitantes desean mantener su forma de vida diferente y piden a gritos participar en la redacción de un planeamiento que garantice su futuro mediante un tejido urbano regenerado y un espacio público digno, para ofrecer al centro una conexión continua con el mar que se extienda entre la avenida del Puerto y el bulevar de los Naranjos, que haga innecesaria la prolongación de Blasco Ibáñez. Así, Valencia ofrecería al mundo un ejemplo de urbanismo del siglo XXI.

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