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Publicat el 4 - 5 - 1997 a Levante - EMV, sup. "Territorio y vivienda"

OBÉLIX y LAS ALQUERÍAS DE CAMPANAR

Adolfo Herrero - Arquitecte

Como en la pequeña aldea gala de Astérix, los vecinos de l´horta de Campanar han venido resistiéndose durante los últimos meses al progreso y la civilización que los romanos pretenden imponer tan noble y generosamente por la fuerza de las armas. El resultado de tan heroica resistencia parece alumbrar ahora sus primeros frutos, según leo en la información del diario Levante-EMV del pasado martes 22/04. Al parecer, la solución consiste en la protección de ocho edificios en la que se contempla el "traslado" -como lo leen- de tres de las alquerías (una de Campanar y dos de Beniferri) a otro lugar para ejecutar el Plan aprobado.

Ignoro, porque no lo explica el diario, a quien se debe esta novedosa propuesta, si a los estrategas de la operación de ocupación, a los técnicos que le dan cobertura o a los políticos con capacidad de decisión en la materia. Lo cierto es que el desenlace supone desarticular un fragmento de l´Horta, todo un secular sistema de espacio económico donde trabajo, residencia y comunicaciones, cond1cionados por el aprovechamiento del escaso recurso del agua, constituyen una indisoluble e irrepetible unidad paisajística producto de una cultura basada en el esfuerzo del hombre por dominar la naturaleza, haciendo de ello un arte para sobrevivir.

Pues bien, de todo ese sistema sólo se conservarán algunos edificios, no todos: aquellos que encajen en la ordenación aprobada, aislados en parcelas de variopintos destinos; los que no, desaparecerán o se "trasladarán", como los tres casos que se citan, donde no puedan molestar más.

Pero... ¿no estaban ya las alquerías cuando se hizo el Plan?; ¿por qué se empeñan en convencernos de que molestan cuando se trata, precisamente, de lo contrario: de un mal Plan que desconoce e ignora unas circunstancias para las que se requiere respeto y sensibilidad y no desprecio y prepotencia? ¿Por qué deben demostrar los galos, a fuerza de atiborrarse de poción mágica que no están equivocados? ¿No corresponde a los romanos justificar la ocupación?

¿Cómo se traslada una alquería o una barraca, edificios frágiles y delicados como pocos, levantados con esfuerzos y necesidades diversas y cambiantes, materializadas en un proceso y con unas técnicas constructivas, piedra y cal, barro, madera y paja, que han tardado siglos en decantarse y depurarse? ¿Cómo se traslada una textura?, ¿cómo se traslada un contexto?, ¿cómo se traslada su historia?

Como diría Groucho Marx: "hemos pasado de la nada a la más absoluta de las miserias".

La verdad es que la historia local está surtida de numerosos ejemplos de traslados notables aunque siempre con edificios o monumentos de piedra o metal. Sucedió con el antiguo convento de Sta. Catalina de Siena, demolido para construir unos grandes almacenes donde la primavera siempre llega antes que a ningún otro lugar del Estado. ¿Su iglesia...?, ¡llévensela donde no moleste!, por ejemplo, a Orriols; también el vetusto puente del Real se había quedado estrecho para embutir más coches en Cíutat Vella. Se triplicó su anchura "trasladando" la mitad de sus pretiles, arcos y tajamares. El más sonado de todos fue el del río Túria y los ciudadanos aún andamos erráticos preguntándonos si Valencia será una ciudad marítima o fue una ciudad fluvial.

Eran cosas de la Dictadura, etapa, todo hay que decirlo, donde se derríbaba más que se trasladaba. Ya en democracia, el último intento corrió a cargo de dos concejales, uno eficiente y otro inocente, que pretendían -con el objetivo de ensanchar una calle del barrio de Velluters- derribar, el uno, y trasladar siete metros, el otro, la casa palacio dels Tamarít, construida con muros de ladrillo; no por azar sino por convicción de algunos técnicos comprometidos seriamente con la rehabilitación, con el consiguiente riesgo para su cabeza, se encuentra hoy felizmente restaurada.

Volviendo a nuestra pequeña aldea gala, en los tiempos que corren los métodos colonizadores de los romanos ya no se llevan nada porque, entre otros cosos, los invasiones imperialistas están muy mal vistos o ojos de lo comunidad internacional y la gente se solidariza enseguida con los supuestos colonizados; al menos, desde la Batalla de Almansa y la Guerra del Golfo. En definitiva, tiene muy mala prensa aquello del “justo derecho de conquista”. Como todos sabemos, las colonizaciones modernas se sirven de otros métodos más sutiles y eficaces, sin necesidad de recurrir a la violencia de la espada.

Los grandes expertos en ellos son los USA, cuyos naturales (no sé si llamarles así), poseen una rara habilidad para identificar democracia y libertades con los pantalones vaqueros, la coca-cola y los locales de comida basura. A ellos se deben, entre otros, hallazgos como esos enclaves denominados parques temáticos, surtidos de entrañables ambientes "históricos", a ser posible legendarios, donde el ocio se transmuta en consumo.

Pues bien, si de colonizar se trata, ya que en esta ciudad lo de la protección de la huerta no se la cree ni Dios, ya bebemos coca-cola y nos sobran tiendas de pantalones vaqueros y locales de comida basura, no entiendo cómo aún no se le ha ocurrido a ninguno de los promotores-patrocinadores del Plan la idea de crear un parque temático, oriundo y racial, auténtico y sin falsificaciones como los americanos o los catalanes. ¿Se imaginan algo más exótico para la Valencia del milenio que la recuperación del área del Pouet y Beniterri mediante un parque de estas características, con excitantes viajes por la huerta de Campanar a bordo de un carro arrastrado por un potente percherón o a remolque de un mulo tirando de un arado romano? ¿Se imaginan plantando cebollas o recogiendo alcachofas mientras los niños se ponen perdidos de cieno en la acequia de Rascanya? La militancia ecologista por su parte, para hacer la puñeta a Mercadona, compraría sus patatas en la alquería del Foraster. Por supuesto que no deberán faltar atractivas ofertas culinarias como la paella de pollastre i conill o el arrós amb bledes criados o cultivadas en la propia zona, unas buenas llonganisses i botitarres amb fabes o tomaqueta y la sang amb ceba. La explotación del invento, por supuesto, correría a cargo de los galos a cambio de un porcentaje de beneficios o bien, en régimen de concesión; nobleza obliga después de tanto sufrimiento histórico y tal agravio urbanístico. Su nombre..., CAMPANAR: L 'HORTAVENTURA, por ejemplo.

En otro tiempo a los romanos no se les ocurrió; lástima, porque se habrían evitado muchos mamporros de los galos propinados entre trago y trago de poción mágica por defender la historia que les identifica.

Entendámonos, no se trata de hacer otro Plan, sino de hacer un Plan para otra cosa.

¿Trasladar las alquerías de Campanar...? Como diría Obélix el galo: "están locos estos romanos".

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