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¿POR QUÉ NO LA ZAL EN SAGUNTO?

Joan Olmos - Enginyer de Camins. Professor d'Urbanisme. Universitat Politècnica de València

Es muy probable que la mayoría de los valencianos no sepan qué es La Punta, y mucho menos qué es una zona de actividades logísticas (ZAL).

Por otro lado, según un reciente estudio, la mayoría de nuestros paisanos tiende a apostar por el “crecimiento económico” aún a costa de sacrificar el medio ambiente. Habría que decir, para entender esta posición, que el bombardeo de información que reciben los ciudadanos está impregnado de un paradigma obsoleto. El desarrollo económico no solo debe tener en cuenta el medio ambiente sino que, en el caso de no hacerlo, no se trata de desarrollo, sino de crecimiento sin más, que a la larga, va contra todo progreso. Así de rotundo. Digámoslo de otro modo: la protección de nuestro entorno natural y de nuestro patrimonio cultural es una condición imprescindible para el desarrollo económico, ahora calificado como “sostenible”.

No es extraño, por tanto, que la Administración continúe manteniendo criterios superados a la hora de impulsar grandes obras públicas, consciente de que la pasividad o indiferencia ciudadanas, cuando no un decidido apoyo, están garantizadas. Esto explica también el escaso esfuerzo que hacen los gobiernos para justificar esas grandes obras.

Un centro logístico es un elemento clave en la racionalización del transporte. Así lo ha entendido la Unión Europea. Se trata de una gran superficie, digamos que de aspecto parecido a un “polígono industrial” próxima a un gran centro de producción y consumo, en la que se desarrollan, básicamente, funciones de intercambio modal de mercancías (mar-carretera-ferrocarril) y en la cual éstas, además de ser almecenadas, pueden someterse a procesos de transformación, acabado y distribución. Como funciones asociadas, en estos centros suelen instalarse actividades relacionadas con el sector, como la inspección técnica de vehículos, aduanas, depósitos francos y todo tipo de servicios complementarios y de asistencia a los transportistas: estaciones de servicio, hospedaje, venta de recambios, etc. Suponen, además, una excepcional oportunidad para relocalizar industrias y actividades que, como sucede en el área de Valencia, han quedado obsoletas y en ubicaciones inadecuadas.

En la Europa más avanzada se han instalado desde hace tiempo estos centros. También en España comienza a desarrollarse una red de este tipo de instalaciones. Los efectos positivos de las mismas son fáciles de imaginar: al racionalizar el proceso de producción y distribución, se abaratan los costes, incluidos los del transporte, se atraen nuevas actividades, y el impacto global sobre el medio ambiente se reduce, al disminuir la cantidad de desplazamientos en zonas urbanas.

En 1993, la Generalitat Valenciana impulsó la creación de un grupo promotor para estudiar la viabilidad de un centro de estas características en Sagunto, dado que estudios precedentes ya habían aconsejado esta localización. Las razones que en 1991 se habían dado para proponer Sagunto fueron corroboradas en 1993: proximidad a un gran centro de producción y distribución, posición central en el corredor mediterráneo (estoy transcribiendo literalmente del estudio) , excelente conexión con las principales vías de comunicación , disponibilidad de suelo de titularidad pública (antiguos terrenos para la frustrada IV Planta Siderúrgica) y calificado urbanísticamente para actividades industriales (más de 500 hectáreas). Finalmente, se argumentaba que el proyecto podía suponer un importante “tirón” para la reindustrialización de la zona.

Es cierto que ahí existe uno de los humedales más interesantes del litoral valenciano, el “marjal del Moro”, protegido por el plan de Sagunto, y esa circunstancia se tuvo en cuenta en el estudio de 1993 a la hora de establecer garantías en la prevención y en la protección del mismo.

El grupo auspiciado por la Generalitat para la realización del estudio estaba constituido, entre otras instituciones, por el Ayuntamiento de Sagunto, la Cámara de Comercio y el entonces denominado Puerto Autónomo de Valencia.

Sagunto no fue la única opción que, de entrada, se tuvo en cuenta. Y el extracto del estudio de factibilidad (abril de 1993) señalaba:

“Es evidente que, de no existir limitaciones urbanísticas y medioambientales insalvables, una instalación logística de dimensión internacional (…) debería ubicarse en las inmediaciones del Puerto de Valencia. Excluida esta posibilidad por la sencilla razón de que no existen en estas inmediaciones terrenos en cantidad y condiciones suficientes para este tipo de operaciones…” y al final, se proponía una doble actuación: un centro de transportes convencional en La Fuente de San Luís y un centro especializado en actividades logísticas en Sagunto.

El estudio llegó a ramos de bendecir, e incluso se redactó un protocolo de intenciones para poner el proyecto en marcha. Es cierto que el Puerto de Valencia, al dar el visto bueno al mismo, hizo constar que no renunciaba a crear, además, una “zona de operaciones directamente vinculada con los terrenos portuarios”. Alguien tendría que explicar por qué se abandonó esa interesante iniciativa.

En los pocos años transcurridos desde 1993, las obras de ampliación del Puerto, que en la práctica suponen una “refundación “del mismo –vean si no, los planos y fotos aéreas para comprenderlo- están casi terminadas.

Ahora interesa señalar la gran oportunidad que se puede perder con el abandono definitivo del proyecto de Sagunto, habida cuenta de que las razones que desaconsejaron en su momento la ubicación junto al Puerto de Valencia, siguen vigentes. Pero es que, además, una ZAL en La Punta, contra toda razón urbanística, nunca podrá absorber toda la potencialidad que encerraba el proyecto en Sagunto, por la sencilla razón de que la zona sur del puerto es un rincón en medio de un complejo entramado urbano-ambiental-fluvial.

Un centro logístico se basa fundamentalmente en el transporte terrestre, que aquí en la Comunidad Valenciana, es casi hegemónico: de los aproximadamente 200 millones de toneladas de mercancías movidas en 1990, el 93% lo hacía por carretera, el 5% por mar y el resto por ferrocarril y avión. Las cifras de 1997 no deben haber variado sustancialmente. Sagunto no supone una marginación del Puerto de Valencia, sino todo lo contrario. No olvidemos que en sus planes, Valencia pretendía especializar el Puerto de Sagunto en mercancía general y reservar el de la capital para el tráfico de contenedores.

El puerto, pues, es un elemento más de un centro logístico, no necesariamente el más importante ni siquiera imprescindible; de hecho, algunos centros como Garonor, en París, no tienen puerto, como es obvio. Por ello, resulta difícil de entender el cambio de rumbo que tomó el “proyecto Sagunto” para ir a parar a la Punta, a no ser, que en realidad, lo que intenta la ZAL ahora propuesta es crear una simple zona de almacenaje del “nuevo puerto” incluidas las previsiones para un supuesto, y no demasiado justificado, crecimiento del tráfico.

La Generalitat, que ahora tiene mayor protagonismo en el Puerto de Valencia y que ha tomado la iniciativa de expropiar el suelo de la huerta protegida para la ZAL, debiera explicar y justificar razonadamente los planes de ampliación, con datos objetivos, con estudios de rentabilidad económica y social de las inversiones, exponiendo claramente qué gana y qué pierde la ciudad, incluyendo costes sociales y ambientales. Y todo ello, sin recurrir al tan manido –y contradictorio- argumento de competir con otros puertos próximos, dado que todos forman parte del mismo holding estatal (Puertos del Estado, sociedad pública) en lugar de descalificar a quienes cuestionan razonadamente sus proyectos.

El Ayuntamiento del “cap i casal”, por su parte, haría bien en ser coherente con las declaraciones “milenarias” de su plan estratégico (recordemos el objetivo central del Plan: “Una ciudad verde europea, abierta al mar, integradora en lo social y activa culturalmente…” simplemente defendiendo los valores de su patrimonio ambiental, cultural y económico.

Una última observación, ahora sobre La Punta: no me atrevo a explicar a los lectores que ignoran la existencia de este paraje en qué consiste. Solo se me ocurre sugerir al Ayuntamiento que organice excursiones gratuitas para visitar este reducto de huerta bimilenaria que, inexplicablemente, ha sobrevivido al “progreso”. Laus Deo.

Únicamente respetando nuestras raíces, nuestro patrimonio y nuestra peculiar manera de ser, podremos aspirar a niveles culturales y económicos superiores.

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