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Publicat el 1 - 12 - 2003 a Levante - EMV (Sup. Territorio y Medio Ambiente)

IVAM-MUSEO DEL SIGLO XIX: UNA CUESTIÓN INACABADA

Adolfo Herrero - Arquitecte

Aprecio que la polémica desatada con motivo de la creación de un Museo del siglo XIX y su relación con el cierre de las salas que el IVAM ocupaba en el antiguo Convento del Carmen, responde a una decisión de la Generalitat Valenciana precipitada y carente de una reflexión ponderada previa a las actuaciones emprendidas. En todo proceso de recuperación urbana, y el Carme lo es, se hace necesario fomentar las consultas y el debate, en sentido amplio, entre todos los implicados incluyendo a personas y organismos acreditados y cualificados para ello. El enfrentamiento al que asistimos por esta causa, entre sociedad civil y gobernantes es un fiel reflejo de una, cada vez más preocupante, carencia de hábitos democráticos por parte de los segundos que desemboca en actitudes de hechos consumados. Y, así, la disputa ha adquirido un tono de visceralidad no deseable sustentada, casi exclusivamente, en móviles de color político.

Con la intención de contribuir a la reflexión y, también, de polemizar sobre algunas de las cuestiones que animan el debate, propongo a la consideración del lector tres aspectos de la controversia que, aunque estén vinculados entre sí, deben analizarse por separado: La recuperación del ex Convento del Carmen y su vinculación a un programa de usos determinado; la ampliación del IVAM y la pérdida de los espacios expositivos que ocupaba en el Carme; la reconstrucción del Patio del Embajador Vich.

En 1984 el Plan Especial de Protección (PEP) del Barri del Carme, del que fui corredactor, planteaba, además de la restauración, la recuperación funcional del conjunto de inmuebles constituidos por el Convento del Carmen, la Escuela de Artes y Oficios, algunas naves y patios interiores de la manzana y un edificio de viviendas recayente a la calle de las Blanquerías, todos en estado de abandono, para destinarlos precisamente a la que, por tradición, había sido su actividad esencial, aparte de la museística: el de la docencia de Bellas Artes y de Oficios Artísticos. El traslado al recinto de la Politécnica de la Facultad ubicada en el primero y el estado de ruina de la segunda, habían supuesto una puñalada de muerte tanto para el barrio del Carmen como para el conjunto de la Ciutat Vella. Su actividad fue vital e imprescindible. Cualquiera que conozca el centro histórico Toulouse y constate la cantidad y diversidad de sus liceos entenderá de qué hablo.

La propuesta del PEP potenciaba no sólo la recuperación del complejo sino su apertura al exterior del barrio y su inserción en el antiguo eje fluvial del Turia, espina dorsal histórica de la ciudad por la que más tarde, y como soporte cultural insoslayable, apostaría el Plan General de la ciudad en 1988. El Plan reconocía así los equipamientos culturales existentes y disponía otros nuevos -algo, que tras trece años de vigencia del Plan, acaba de descubrir la alcaldesa de la ciudad: un riu de cultura-.

Desgraciadamente, ni la recuperación del conjunto ni la docencia llegaron. Las determinaciones de aquellos planes para el Centre Històric hicieron escasa mella en los responsables políticos y aún hoy, salvo el impulso decidido inicial del Plan RIVA, pocos creyeron en la recuperación de Ciutat Vella; menos aún desde las instancias municipales, que han apostado por el urbanismo desarrollista de la periferia.

En 1989 la llegada del IVAM, introdujo la esperanza en el barrio a pesar su ubicación relativamente marginal y de espaldas al mismo; a pesar de los derribos de varios edificios de viviendas, algunos protegidos, y de la expulsión de unos cuantos vecinos más, ya muy escasos por aquel tiempo; y a pesar de optar por un edificio de nueva planta en lugar de recuperar alguno de los grandes contenedores del barrio, como el Carme, o la Beneficència acaecida años después. Para el primero de ellos fue un balón de oxígeno el acondicionamiento provisional de las denominadas salas Ferreres, como espacios expositivos complementarios del IVAM recién construido. Éste, con un tamaño inicial prudente y moderado, era, posiblemente, el máximo al que se podía aspirar en aquellos momentos; no obstante, su previsible ampliación había quedado establecida ya mediante la oportuna reserva en el Plan General de1988. La peculiaridad de los espacios de el Carme debida a su escala, singularidad y descuido, con acceso desde un claustro repleto de plantaciones asilvestradas en estado de abandono y aspecto de ruina romántica como los grabados de Gustavo Doré, hicieron fortuna entre sus destinatarios, y ha sido, sin duda, la razón de su éxito como continente. Pero, salvo la anécdota de las salas del IVAM, el conjunto permanecía inactivo, carente de uso y pendiente de recuperación.

Tras años de vacilaciones, pareció llegado el momento de la rehabilitación de el Carme: la Generalitat ubicaría en él la Biblioteca Valenciana. De nuevo se abría la esperanza de la revitalización del barrio. Sin embargo, el proyecto se frustraría al establecer como sede de la Biblioteca el monasterio de San Miguel de los Reyes; perdida la oportunidad para el Carme, se desperdiciaba también la opción de crear en San Miguel un emblemático parador de turismo capaz de representarnos dignamente como ciudad y como capital autonómica, ubicado, además, en su medio natural, la huerta. Se perdía, además, una oportunidad para rescatar y desafectar el Parador Luis Vives en El Saler, campo de golf incluido, restituyendo su solar al espacio natural de la Devesa; unas instalaciones cuestionables no sólo por su discutible ubicación urbanística en el ámbito del Parque Natural sino por su vulgarizada arquitectura. No ignoro que mi sugerencia puede ser escasamente compartida; recuerdo el gesto espantado del arquitecto Román Jiménez, amigo y asesor ocasional de la alcaldesa de Valencia, cuando, para dotar de contenido al conjunto de San Miguel, nos pedía ideas a algunos compañeros de profesión. Mi insinuación constituía una apuesta por un turismo sustentado en otros valores culturales y en un mayor respeto al medio ambiente.

Volviendo al hilo del análisis, ahora en el Carme se ubicará un Museo del Siglo XIX. No creo que la ciudad admita otro museo más. Valencia -que contrapone ocio a cultura- ni apuesta por sus museos ni fomenta sus visitas. Tan sólo el IVAM parece escapar a esta desidia. Aún pienso que el mejor destino para el edificio y el barrio es la vuelta de la facultad de BB. AA. propuesta en el 84. Sin embargo, y, a falta de otras alternativas -como el parador-, con el M. XIX la Generalitat contribuirá, esperemos que definitivamente, al primero de aquellos dos objetivos prioritarios e inaplazables: la rehabilitación de el Carme. Esta acción pasa necesariamente por una intervención global sobre el conjunto, aunque sea por fases como ha sucedido hasta ahora, que restituya la lectura íntegra -esto es, sin desmembrarlo- del edificio con sus transformaciones y ampliaciones del XIX y del XX, más las que pudieran sucederse en el futuro.

Consecuentemente, y paso al segundo de los aspectos que pretendía abordar, el cierre de las salas del IVAM alojadas en el Carme parece razonablemente justificado desde la intervención recuperadora; no conozco otra forma de llevarla a cabo. Se ha dado a entender que los espacios cedidos en las salas recién cerradas por las obras podrían tener cabida en la ampliación de la sede de Guillem de Castro cuyo proyecto se aborda ahora. Esto plantea un nuevo interrogante: si el IVAM ampliado tendrá capacidad para disponer de espacios equivalentes en superficie -que no en emoción o disfrute estético, me atrevería a decir- para alojar con el mismo fin a los abandonados en el Carme, como insinúan los promotores del cierre. Si esto es así, me parece inexcusable que no se hayan buscado con tiempo suficiente nuevos espacios para alojar temporalmente los contenidos que ahora se pierden por causa de las obras de rehabilitación.

Hay quien sostiene que las salas que el IVAM ocupaba en el Carme deberán recuperar su antiguo destino una vez restaurado, compartiendo usos. Esto es siempre posible, aunque muy improbable y, en mi opinión, poco recomendable. Entiendo que la solución pasa por buscar nuevas alternativas; espacios y edificios no faltan en el entorno de las actuales sedes. Es el caso de la manzana comprendida entre las calles de Gutemberg, Llíria y Guillem de Castro donde aguardan pacientemente su recuperación los primeros edificios de la revolución industrial en Valencia que iniciaron su andadura a mediados del siglo XIX y que Guesdon recoge en sus grabados de la ciudad en 1858. Los hay municipales y privados, y el conjunto continua pendiente de un proyecto de intervención que, con muchas vacilaciones por causa de su complejidad e indefinición acerca de qué se quiere recuperar, desarrolla la oficina RIVA. Los edificios y patios libres que allí se encuentran, incluyendo la configuración actual de la calle Gutemberg, permiten no sólo albergar espacios expositivos sino los talleres de almacenamiento y montaje a su servicio y también los locales de trabajo de artistas que pueden ubicarse en el barrio, contribuyendo así al impulso renovador del IVAM desde su fundación y a la recuperación patrimonial y funcional del barrio.

Y si, como parece, la ampliación del IVAM es tarea de la próxima legislatura, y por tanto, con un horizonte suficiente para repensar las propuestas que se formulen, no estaría de más considerar la reubicación del edificio-aulario del I.E.S. del Carme hacia el lado sur de la manzana que ahora ocupa -donde existió el cine Museo- y creciendo y ampliando sus instalaciones hacia el otro lado de la calle del Dr. Chiarri -donde aún permanece uno de los cines Caro-. Con ello se conseguiría abrir de una vez por todas el IVAM hacia el barrio, creando una plaza digna sobre la calle de la Beneficencia que contribuya a la mejora de los espacios, que lo circundan. El edificio escolar, de mala calidad constructiva y pésima arquitectura, construido en la etapa desarrollista, merece una oportuna jubilación y una renovación digna acorde con el barrio y los nuevos equipamientos que se generan en su entorno. Sin duda alguna, esta opción contribuiría también a la recualificación espacial y formal del barrio.

Finalmente, el tercer propósito de estas reflexiones atañe a la recomposición del Patio del Embajador Vich en el Museu de Belles Arts. Tal como se plantea en el proyecto de intervención, me parece una aventura intelectual arriesgada con resultado seguro de pastiche anacrónico. Alternativamente, propongo el respeto total a la actual impostación de el Carme y la reconstrucción virtual del Patio por medios informáticos y holográficos sobre muros desnudos de nueva planta debidamente adaptados a tal fin, en el Museu o donde se estime más oportuno. Y para las piezas arqueológicas almacenadas en él, sugiero su “recomposición picto-escultórica”, a la manera de aquellas series de Carmen Calvo compuestas por elementos cosidos a un soporte plano, en este caso de gran formato, aquí con las unidades elementales de cornisas, impostas, dovelas de arcos y columnas para su exhibición en el Museo del XIX o, si los museólogos lo juzgan de interés, en el IVAM ampliado.

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